Formar al personal aspirante a detective con una sólida instrucción integral, brindado conocimientos y valores que lo vigoricen en los principios de la moral, discreción, honestidad y eficiencia. Desarrollando y fortaleciendo la aptitud de paciencia, tacto, destreza, observación e interpretación para que pueda desempeñar un correcto proceso metodológico para el esclarecimiento de un hecho asignado, estableciendo verdades demostrables y comprobables.

lunes, 12 de febrero de 2018

PSICOLOGIA DEL DELINCUENTE - ESCUELA DE DETECTIVES PRIVADOS DEL PERÚ "HONOR Y LEALTAD"

PSICOLOGIA DEL DELINCUENTE

La psicología de la delincuencia ha reconocido, desde hace tiempo, que los actos delictivos son sólo un componente más de una categoría más amplia de ‘conducta antisocial’ que abarca un amplio rango de actos y actividades, tales como peleas, acciones agresivas, hurtos, hechos vandálicos, piromanía, absentismo escolar, huidas de casa o mentiras reiteradas (Kazdin, 1988). Todas estas conductas infringen reglas y expectativas sociales importantes, y muchas de ellas igualmente reflejan acciones contra el entorno, incluyendo a personas y propiedades (Kazdin y Buela, 1994). Así, muchos términos como delincuencia, trastorno de conducta, conductas de exteriorización (conductas impulsivas) o problemas de conducta, denotan con mayor o menor intensidad conductas antisociales. Ya que la etiqueta de conducta antisocial puede reflejar hechos tan dispares, es útil recordar que, en términos generales, hace referencia a cualquier acción que viole las reglas y expectativas sociales o vaya contra los demás (personas y propiedades), con independencia de su gravedad. Tales conductas son observables en jóvenes delincuentes y en menores bajo tratamiento clínico, no obstante, algunas conductas antisociales pueden darse en el transcurso normal del desarrollo evolutivo del menor, es decir, se manifiestan durante un período de tiempo, más o menos breve, y desaparecen posteriormente, de forma súbita o gradual, sin llegar a suponer conflictos serios con el entorno.




¿CÓMO APRENDER A IDENTIFICAR UNA CONDUCTA ANTISOCIAL?

Precisamente porque muchas conductas antisociales surgen de alguna manera durante el curso del desarrollo normal, Kazdin y Buela (1994) señalan dos consideraciones generales para identificar el comportamiento antisocial como problema que requiere atención especializada: en primer lugar, que se tome el desarrollo normal como paradigma de evaluación con el que contrastar la conducta antisocial; y en segundo lugar, tener en cuenta las características de la propia conducta que influyen en la probabilidad de que ésta se considere clínicamente significativa (frecuencia, intensidad, cronicidad y magnitud).



CARACTERÍSTICAS DE LAS CONDUCTAS

Por lo tanto, lo que nos va a permitir hablar de gravedad clínica van a ser las características que acompañan a ese comportamiento antisocial. En concreto, estas características son: · La frecuencia o el grado en que un niño se ve envuelto en conductas antisociales: obviamente no es lo mismo un hurto o pelea esporádica, que el niño se vea envuelto continuamente en este tipo de conductas. · La intensidad o importancia de las consecuencias de una conducta cuando esta tiene lugar: conductas como prender fuego o agresión con objetos contundentes pueden ser de baja frecuencia, pero la gravedad de 1. Por ejemplo, algunos estudios han señalado que a los seis años la conducta de mentir es un problema para la mayoría de los niños (53%), pero a los 12 años el porcentaje disminuye hasta un 10%. En el caso de la desobediencia en casa y destrucción de objetos personales, se registra en aproximadamente el 50% y 26% de niños de cuatro y cinco años, si bien en la adolescencia (con 16 años) los índices de estas conductas decrecen entre un 0% y un 20%; y finalmente, en cuanto a las peleas y robos en niños de 10 años es habitual en un 12% y un 3% respectivamente, descendiendo al 8% y 1,2% a los 12 años. estos actos y la magnitud de sus consecuencias obliga a una atención especial por parte de instancias clínicas o legales. · La cronicidad o persistencia de la conducta antisocial: hace referencia a la repetición y prolongación del historial de la conducta en el espacio y el tiempo. Un ejemplo de conducta aislada puede no llamar la atención de los demás hacia el niño, pero la repetición de la misma a lo largo del tiempo y en diferentes contextos confiere a las conductas una mayor significación. · La magnitud o constelación de conductas antisociales: es decir, cuando distintas conductas antisociales se presentan juntas, de tal forma que a mayor variedad de conductas antisociales peor pronóstico. Todas estas características son importantes para definir la desviación. Así, en casos extremos los niños antisociales son identificados con facilidad porque a diferencia de las conductas antisociales aisladas, breves y no muy intensas que remiten en el curso del desarrollo, estas son conductas antisociales frecuentes, graves, crónicas, repetitivas y diversas, afectan al funcionamiento diario del menor y tienen consecuencias importantes para quienes están en contacto con él (p. ej., los padres o maestros no pueden controlar al niño o la conducta del niño puede ser peligrosa para él o para quienes le rodean -generalmente por problemas de agresión-). En tal caso, las conductas antisociales se consideran como desviaciones significativas de la conducta normal y muchos de estos niños son identificados a través de instituciones de salud mental o de justicia. Aunque obviamente, no todos los niños con problemas graves de conducta se convierten en adultos antisociales, muchos de ellos sí tienden a continuar estas conductas en la adolescencia llegando a la vida adulta con graves problemas personales, psiquiátricos, laborales o sociales (p. ej. escaso ajuste al trabajo, la pareja y las ocupaciones, delincuencia, alcoholismo, y personalidad antisocial). Como señala un estudio clásico de Robins (1966), la mayor parte de los adultos diagnosticados con personalidad antisocial fueron antisociales en su etapa infantil. Este autor analizó diferentes muestras de niños con conducta antisocial evaluándolos 30 años más tarde, demostrando que la conducta antisocial infantil predecía problemas múltiples en la madurez (de adultos sufrían disfunciones con síntomas psiquiátricos, de conductas delictivas, de Psicología de la delincuencia - Capítulo 1 23 salud y ajuste social). Las conclusiones a las que llegaron Robins y Ratcliff (1978) siguen siendo actuales: el adulto antisocial generalmente falla en mantener relaciones íntimas con otras personas, su desempeño laboral es deficiente, está implicado en conductas ilegales, tiende a cambiar sus planes impulsivamente y pierde el control en respuesta a pequeñas frustraciones. Cuando era niño se mostraba intranquilo, impulsivo, sin sentimientos de culpa, funcionaba mal en la escuela, se fugaba de casa, era cruel con los animales y cometía actos delictivos. Un patrón similar de resultados fue hallado en el estudio Cambridge de West y Farrington, en el que se señala que la delincuencia es un elemento más dentro de un estilo de vida antisocial (West y Farrington, 1973; Farrington, 1994).


PRONÓSTICO A LARGO PLAZO DE JÓVENES IDENTIFICADOS CON PROBLEMAS DE CONDUCTA

1. Estado psiquiátrico. Mayor deterioro psiquiátrico, consumo de drogas y alcohol, y síntomas aislados (ej.; ansiedad, quejas somáticas); mayor historial de hospitalización psiquiátrica.

2. Conducta delictiva. Mayores índices de conducción bajo efectos de alcohol o drogas, conducta delictiva, arrestos, condenas y períodos de cárcel; mayor gravedad de acciones delictivas.

3. Ajuste laboral. Menos probabilidad de ser contratados; historial de contratos más breves, trabajos menos cualificados, cambios de trabajo, menor salario y dependencia más frecuente de ayudas económicas.

4. Logros académicos. Mayores índices de abandono de los estudios y peores resultados académicos.

5. Participación social. Menor contacto con familiares, amigos y vecinos; poca participación en organizaciones sociales.

6. Salud física. Mayor tasa de mortalidad y de hospitalización por problemas físicos (además de psicológicos).

NOTA: Estas características están basadas en comparaciones de niños normales con niños tratados clínicamente, y de comparaciones entre jóvenes delincuentes y no delincuentes (Kazdin y Buela, 1994).


Esta idea de una personalidad antisocial que crece en la infancia y persiste en la vida adulta con numerosas manifestaciones conductuales, entre ellas las delictivas, fue popularizada por Robins (1966). Posteriormente esta misma idea fue recogida como categoría psiquiátrica en la tercera y cuarta edición del Manual Diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría con la denominación de “Trastorno disocial o de conducta” en la infancia y Trastorno Antisocial de la Personalidad’ en adultos.



Síntomas incluidos en el Trastorno Disocial

1. A menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros.
2. A menudo inicia peleas físicas.
3. Ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas.
4. Ha manifestado crueldad física con otras personas.
5. Ha manifestado crueldad física con animales.
6. Ha robado enfrentándose a la víctima (ej.: asaltar, robar bolsos).
7. Ha forzado a alguien a una actividad sexual.
8. Ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves.
9. Ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas.
10. Ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona.
11. A menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones (esto es, «tima» a otros).
12. Ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (ej.: almacenes, casas).
 13. A menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciándose antes de los 13 años.
14. Se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, mientras vivía en casa de sus padres o en un hogar institutivo (o sólo una vez sin regresar durante un largo período de tiempo).
15. Suele hacer novillos en la escuela, iniciando esta práctica antes de los 13 años de edad.
Como puede observarse, una característica principal de este síndrome radica en la conducta agresiva, y de hecho muchos estudios retrospectivos y prospectivos han mostrado que la agresión en la niñez y en la adolescencia está asociada con una conducta delictiva posterior, especialmente si los comportamientos agresivos también se producen fuera del hogar (Rutter y Giller, 1988; Ollendick, 1996).

FACTORES DE RIESGO MÁS RELEVANTES PARA EL COMIENZO DE LA CONDUCTA DELICTIVA

Actualmente se coincide en señalar muchos de los factores que predisponen
a niños y adolescentes hacia la conducta antisocial, algunos de los cuales son
aspectos clave que trazan a una persona a lo largo del ciclo vital.

Principales factores de riesgo en el inicio de la delincuencia


Variables Personales / Individuales

- Complicaciones prenatales, bajo peso al nacer.

- Rendimiento académico deficiente y funcionamiento intelectual bajo (fracaso escolar). Bajo nivel cultural. Escasas habilidades verbales, absentismo escolar y abandono precoz de la escuela, poco interés por lo académico, escasa concentración, conducta disruptiva.

- Personalidad irritable y polémica, búsqueda de sensaciones, tendencia al psicoticismo (indiferencia por los demás), baja activación cortical (hiperactividad). Dificultades para acatar normas y someterse a la autoridad.

- Conductas antisociales variadas (agresividad, hurtos, vandalismo, fugas…) y/o de inicio precoz. Malos tratos y desatención severa en la infancia. Trastornos psicológicos y de comportamiento.

- Irresponsabilidad y escaso autocontrol. Impulsividad. Dificultades para demorar la gratificación. Baja tolerancia a la frustración.

- No considerar las consecuencias de sus actos. Dificultades para apreciar y comprender los puntos de vista de otras personas (empatía y toma de perspectiva social). Pensamiento egocéntrico. Dificultad para expresar afecto.

- Actitudes favorables hacia la conducta antisocial. Creencias justificadoras.
Extremismo religioso y/o político. Escasos o nulos sentimientos de culpa.

- Pensamiento concreto más que abstracto (inmediatez de respuesta, ausencia de planificación y rigidez cognitiva). Dificultad para adaptarse a los cambios.

- Poca motivación de logro (carecer de metas personales y objetivos).

- Falta de perseverancia. Fácilmente influenciable. Pobre razonamiento crítico. Sesgos cognitivos (atribuciones sesgadas). Locus de control externo (bajo autoconcepto, pobre autoestima, falta de autoconfianza).

- Escasas habilidades cognitivas para solucionar problemas interpersonales.
Escasa asertividad.

- Accesibilidad al consumo de alcohol/drogas. Consumo de drogas. Educación fuera del ámbito familiar (centros de acogida, protección…). Variables Familiares

- Prácticas de disciplina basadas en el castigo y/o la inconsistencia. Nula disciplina. Disciplina laxa. Autoritarismo excesivo. Falta de roles y modelos
paternos apropiados. Padres inexpertos en habilidades de crianza. Falta de habilidades para solucionar conflictos o problemas.

- Tendencia a dar órdenes, recompensar la conducta inapropiada con atención e ignorar la conducta prosocial. Valores permisivos hacia la conducta antisocial .

· Pobre supervisión paterna y ausencia de reglas claras en el hogar. Escasas demandas y bajas expectativas sobre el menor. Escasa preocupación por el rendimiento escolar.

- Falta de comunicación, actitudes de rechazo, y menor calidez, afecto y apoyo emocional. Discriminación dentro del entorno familiar.

- Abandono/Negligencia. Relaciones entre los padres infelices y conflictivas.

- Familia numerosa con bajo estatus socio-económico. Bajo o nulo nivel cultural. Desempleo. Empleo precario. Pobres condiciones de habitabilidad. Condiciones carenciales o deficitarias generales.

- Movilidad residencial Aislamiento social. Escasa utilización de los recursos formales e informales de apoyo. Abuso de alcohol/drogas y conducta delictiva/agresiva. Violencia familiar (física, sexual, psicológica o emocional…). Problemas psicológicos.

Variables Socio-ambientales


- Ambiente escolar donde predominan los castigos frente a los refuerzos, malas condiciones laborales, escasa atención a los problemas de los alumnos y pocas recompensas.

- Hacinamiento.
- Escasa cohesión y comunicación grupo-aula (profesorado-padres). 
Interacciones negativas con el profesorado. Falta de expectativas sobre el alumno y escaso fomento de la responsabilidad individual y colectiva. Estatus socialmente negativo y marginal en el entorno escolar por parte del menor.

- Rechazo compañeros y/o profesores. Cambios continuos de centros escolares. Acoso (Bullying). Carencia de amigos prosociales. Asociación amigos antisociales.

- Violencia audiovisual. Vecindarios o grupos extensos favorecedores de la antisocialidad. Entorno Marginal. Aprobación cultural y social de la violencia.

Como podemos apreciar en la tabla anterior, un grupo de predictores importante radica en las variables personales o individuales.

La Escuela de Detectives Privados del Perú “Honor y Lealtad”, se creó con la finalidad de capacitar y formar al personal aspirante a DETECTIVE, con una sólida instrucción integral, brindando conocimientos y valores que lo vigoricen en los principios de la moral, discreción, honestidad y eficiencia. 

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